Artículos editoriales

Fecha: 30/04/10

Absurdas declaraciones

Alejandro Gómez Tamez*

Resulta alarmante la cifra que acaba de dar a conocer el INEGI en el sentido de que de acuerdo a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en el mes de marzo el 4.81 por ciento de la población económicamente activa (PEA) no tenía trabajo, lo cual equivale nada más y nada menos que a 2.2 millones de personas. La cifra es alarmante porque implica un porcentaje de desempleados superior al que se tenía en marzo de 2009.

Pero eso no es todo, el mismo INEGI también informó que el porcentaje de la población subocupada, es decir, la que declaró tener necesidad y disponibilidad de trabajar más horas, representó 8.2 por ciento de la PEA.  Esto es aproximadamente 3.75 millones de personas, por lo que el total de desempleados y subocupados en nuestro país fue en marzo de este año de casi 6 millones de personas.

Esto debería ser señal de alarma porque no obstante la incipiente recuperación económica, manifestada en variables como el Indicador Global de la Actividad Económica (el cual creció 3.4 por ciento en términos reales en febrero pasado), vemos que el desempleo no cede. Se han comentado ampliamente los costos sociales del desempleo y la incidencia que esto tiene en la delincuencia. Sin embargo, las autoridades no hacen gran cosa para resolver esta situación.

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El Banco de México continúa con una política monetaria que en el contexto internacional, se percibe como astringente. Mientras que la mayoría de naciones desarrolladas y economías emergentes bajaron sus tasas de interés hasta casi llevarlas al cero por ciento, en México la tasa de interés de referencia sigue siendo de 4.5 por ciento.   Esto parecería no importar, pero es un punto fundamental cuando se considera el impacto que esto tiene en la inversión productiva y sobre todo en el tipo de cambio que manifiesta una clara sobrevaluación del peso.    

Contrariamente a lo que muchos piensan, la inflación actual no se debe a un exceso de liquidez sino que es la respuesta a las alzas de impuestos y de los bienes administrados por el gobierno federal (como gasolina, gas, diesel, entre otros). Así que pareciera que el Banxico no entiende el fenómeno y nos mantiene sufriendo las consecuencias de una política monetaria que debería ser más laxa en aras de fomentar el crecimiento económico.

Hemos comentado en incontables ocasiones los efectos que genera el tener tasas de interés excesivamente elevadas. En particular, hemos hecho hincapié en la cuestión de la sobrevaluación del peso y el impacto que esto tiene en el tipo de cambio sobrevaluando nuestra moneda. Al 29 de abril la tasa de interés del Treasury Bill con plazo a un mes era de 0.15 por ciento anualizado, mientras que la tasa de los Cetes a 28 días es de 4.45 por ciento anual. Esto implica que la tasa de interés libre de riesgo en México es 30 veces más alta que en Estados Unidos, lo cual evidentemente genera un flujo de inversión extranjera especulativa a nuestro país. La entrada de este dinero al país es lo que provoca que el peso sea fuerte (es un simple asunto de oferta y demanda), no es una cuestión de superávits en la balanza comercial.

El impacto en el sector exportador es más que evidente. Debe quedar claro que el “aceptable” desempeño de las exportaciones nacionales en el primer trimestre del año se debe a la fortaleza de las exportaciones automotrices y petroleras, y no al crecimiento de las exportaciones tradicionales.  Tenemos que en el primer trimestre de este 2010 las exportaciones petroleras crecieron 70 por ciento, las exportaciones automotrices han crecido 79.7 por ciento, mientras que las manufactureras no automotrices han aumentado apenas 16.6 por ciento. Así que aún estamos lejos de recuperar como industria el nivel de exportaciones de 2008.

Insisto, un peso fuerte le resta competitividad a nuestras exportaciones y provoca que nuestros mercados nacionales se inunden con productos importados. Así que todo se resume en una simple pregunta ¿Qué preferimos, una moneda fuerte o empleos? Tal parece que al Banxico y al gobierno federal les importa más la moneda fuerte.

Es inconcebible que en este contexto de aumento en el número de desempleados y subempleados, en este contexto de pérdida de competitividad, haya declaraciones irresponsables por parte de funcionarios de primer nivel de la Secretaría de Hacienda. El pasado 26 de abril el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, declaró en Washington que el peso aún tiene espacio para fortalecerse. ¡Como si esto fuera una buena noticia! Claro que es una buena noticia para los importadores y para los fabricantes extranjeros, quienes podrán introducir productos hechos en otras latitudes a un precio más bajo. No entienden los funcionarios de Hacienda y del Banco de México que por cada producto que se deja de producir en México porque ahora se importa se están perdiendo empleos o dejando de crearse. 

La situación de nuestro sector externo ya no es favorable. En palabras del presidente del Consejo Mexicano de Comercio Exterior (Comce), Valentín Diez Morodo, la realidad es que México dejó de ser la potencia exportadora que fue a mediados de la década de los 90, porque se dejó ganar en la competencia de otros países.

¿Y cómo no va a ser así si el gobierno nacional parece que trabaja a favor de los importadores en lugar de los exportadores? El sistema fiscal mexicano no favorece las exportaciones, no hay incentivos a las ventas al extranjero y los programas de apoyo son difusos. La paridad resta competitividad y vuelve la planeación en precios de venta prácticamente imposible. Así que lo que comenta Diez Morodo no debe ser ninguna sorpresa.

Así pues, no debemos dejar de insistir en la pertinencia de un ajuste a la baja en las tasas de interés que disminuya los flujos de capitales especulativos al país. No se trata de gravar la entrada de capitales como lo propuso el Fondo Monetario Internacional (FMI), se trata de dar soluciones de mercado y eso implica disminuir la oferta de dólares al país. Una paridad en niveles de $13.30 pesos por dólar sería ideal para nuestro país y contribuiría al fortalecimiento del sector externo. Banco de México, es importante que de una vez por todas se entienda que en este momento bajar tasas de interés no generará presiones inflacionarias, y realmente si se quiere abatir el alza en precios lo que se debe hacer es encontrar mecanismos que fortalezcan las finanzas públicas sin elevar impuestos (esto es, aumentando la base de contribuyentes).

Estamos a tiempo de enmendar el camino de este país. Pensemos en los que no tienen trabajo en México y como nuestras políticas económicas ayudan a crear empleos en China, Corea, la Unión Europea, entre otras naciones.

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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