Artículos editoriales

Fecha: 6/05/10

¿Carstens por qué  has cambiado?

Alejandro Gómez Tamez*

Lo que no pudo, no quiso o no lo dejaron hacer al Gobernador del Banco de México, Dr. Augustín Carstens, lo hizo Grecia por nosotros está semana. Al momento de escribir estas líneas el tipo de cambio se encuentra en $13.1330 pesos por dólar, la cual es la paridad más alta desde el 8 de febrero de este año, y representa un nivel de $1.0059 pesos por encima de los $12.1271 en los que llegó a estar la paridad hace apenas unos días. 

Esto implica que el dólar se encareció frente al peso en 8.25 por ciento, lo cual es un ajuste en la paridad que será oxígeno puro para la planta productiva nacional exportadora (y para la que enfrenta la feroz competencia de los productos importados), en la medida en que éste se sostenga.  Hemos señalado en múltiples ocasiones que México requiere un tipo de cambio competitivo que no genere distorsiones en el sentido de volver a los productos importados mucho más baratos que sus contrapartes nacionales, ya que por cada producto importado que pudiera ser producido competitivamente en México se están dejando de crear empleos.

De igual manera, se requiere de una paridad que permita a los productos nacionales competir en los mercados internacionales contra los productos chinos, brasileños, hindús, etc., y es precisamente una paridad en el rango de $13.10 pesos por dólar la que garantiza dicha competitividad. Esto lo afirmo en función de estimaciones de GAEAP en las que se ajusta el tipo de cambio por diferenciales de inflación acumulados desde 1997 a la fecha, y el tipo de cambio de equilibrio que resulta de este cálculo está ligeramente por arriba de los $13.10 pesos por dólar.

 

 

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Así que la tragedia griega nos ha traído un beneficio coyuntural en el tipo de cambio, aunque habrá que estar atentos a que no se dé una mayor contaminación de los mercados financieros internacionales que se traduzca en una nueva crisis de liquidez internacional, ya que eso equivaldría a descarrilar la recuperación económica mundial. Esto es algo que nos debe hacer pensar en la estrategia que se está siguiendo para el año 2010, ya que aun tenemos fresca en nuestra mente la tragedia económica vivida en el año 2009 en México, año en el que nuestro Producto Interno Bruto cayó 6.5 por ciento y se llegaron a perder 696 mil 437 empleos registrados en el IMSS.  Así que si las cosas se quedan como están (el tipo de cambio arriba de los $13 pesos) y la crisis no se extiende a Portugal, España e Irlanda, podemos decir que el ajuste en Grecia nos ayudará para la recuperación de la planta productiva nacional.

Sin embargo, y ante todo esto, surge una duda: ¿Por qué el Banco de México ha sido ciego estos últimos dos meses ante los problemas derivados de un tipo de cambio que había mantenido al peso artificialmente sobrevaluado? ¿Por qué ha sido insensible a la necesidad de bajar aún más las tasas de interés para lograr que haya mayores niveles de inversión productiva y darle al tipo de cambio un nivel que fomente las exportaciones nacionales y la planta productiva nacional?

Y no se necesita ser un genio para saber que la recuperación de la economía y la planta productiva nacional será más rápida y sostenible en la medida en que crezcan nuestras exportaciones apoyadas en la competitividad.  Y como muestra de lo anterior basta un botón: el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) acaba de informar que gracias a una mayor demanda externa, el Indicador IMEF Manufacturero registró en abril pasado un aumento de 0.9 puntos comparado con marzo previo, para colocarse en 54.6 unidades, el mayor nivel observado desde noviembre de 2006.

Es más que evidente la relación causal entre exportaciones y crecimiento de la planta productiva nacional. ¿Qué necesitamos para poder exportar más? Entre otras cosas, pues un tipo de cambio competitivo. El Banxico parece que no lo entiende y sigue obsesionado con luchar contra la inflación con la errónea estrategia de “anclar” el tipo de cambio. Creen que con un dólar barato todos los insumos importados serán más baratos y así los precios no subirán. En parte tienen razón, ¿pero cual es el costo de esta medida en términos de empleos perdidos o dejados de crear al ver los anaqueles de las tiendas repletos de productos importados más baratos que los nacionales?

Es verdad que el mandato constitucional del Banxico lo limita a “preservar el poder adquisitivo de la moneda”; sin embargo, había una esperanza de que con la llegada de Carstens al Banxico las cosas cambiarían y ahora tendríamos una política monetaria más proactiva para alcanzar un mayor nivel de crecimiento económico. La realidad es que nada ha cambiado y ya quedaron muy atrás aquellas declaraciones en las que Carstens (como titular de Hacienda) se sumaba al Presidente de la República para pedirle al entonces Gobernador del Banxico, Guillermo Ortiz, que bajara las tasas de interés en beneficio de México. ¿Por qué el nuevo titular del Banxico se olvido tan rápido de lo que antes pedía desde otra trinchera? ¿O será que no lo dejan operar y hay intereses muy arraigados hacia dentro del banco central cuya “línea” es mantener altas las tasas de interés para agradar a los inversionistas internacionales y para que el peso se mantenga artificialmente fuerte en beneficio de los importadores?

Sea como sea, es terrible para los casi 6 millones de mexicanos en situación de desempleo y subempleo que se de esta situación.  Y para agravar las cosas, pues vemos que la válvula de escape de la economía nacional, que es la emigración de los connacionales desempleados a los Estados Unidos pues cada vez es más difícil y las perspectivas son de que se pondrá cada vez peor. 

Ya la legislatura del estado norteamericano de  Arizona, así como su Gobernadora Republicana han aprobado y publicado la ley SB 1070 (aunque ésta entrará en vigor hasta el 23 de julio), la cual a ojos de muchos “legaliza el racismo”, al volver al inmigrante en delincuente. Muchos dirán que más allá del aspecto de derechos humanos, pues no pasa mayor cosa porque lo que sucederá es que los paisanos ahora emigraran a otros estados que no tienen este tipo de disposiciones legales.

Sin embargo,   el problema de esta legislación se extenderá a lo largo de muchos otros estados con gobernadores y/o con legislaturas controladas por republicanos. Y muestra de ello es que la congresista local por Texas, Debbie Riddle ha declarado que planea introducir una ley similar a la de Arizona para el periodo legislativo de enero con el fin de “proteger nuestro país y defender la Constitución”. De hecho el líder del Congreso de Texas, Steny Hoyer ha señalado  sobre la ley de Arizona: “(la ley) es un intento del estado y sus residentes de decirle al Congreso (federal) que están cansados de esperar a que haya acción federal”. Para muchos, el que está detrás de todo esto es el ex candidato presidencial por el Partido Republicano, John McCain (www.terra.com.mx/noticias/articulo/903576/Defiende+John+McCain+ley+antiinmigrante+de+Arizona .htm).

Así que, lo que les espera a los migrantes mexicanos son cada vez más problemas, porque si alguien piensa que este asunto se va a quedar únicamente en Arizona y en Texas, pues probablemente esté muy equivocado, ya que es altamente probable que después California trate de hacer algo similar.  Y es entonces que surge, ahora más que nunca, la necesidad de que en México se creen los empleos suficientes para que nuestra gente no se tenga que seguir yendo hacía el norte, cada vez más inhóspito.  Y pues así como el Gobierno Federal critica la “Ley Arizona” y la acusa de ser violatoria de los derechos humanos, pues el gobierno mexicano viola los derechos de la gente a tener un trabajo digno al no crear las condiciones para que las empresas en México puedan crecer y desarrollarse.

¿Así o más claro Banxico? Si es necesario, pues es entonces urgente la modificación constitucional que amplíe el mandato del Banco de México e incorpore entre sus funciones las de “fomentar el crecimiento de la producción nacional y del empleo”. Tal como ocurre en otros países, como Estados Unidos.  Si se amplía el mandato del Banxico, entonces ya no habría duda y podríamos exigirle con mayor fuerza a este instituto central que deje de trabajar a favor de la sobrevaluación del peso y que mejor genere las condiciones para el desarrollo nacional. Sin embargo, también es verdad que no es necesario que haya dicha reforma constitucional y que basta con la voluntad de la Junta de Gobierno del Banxico para que bajen las tasas de interés y así se ponga freno a la entrada masiva de capitales especulativos al país (queda claro que son especulativos porque de lo contrario, ante la situación que se vive en Grecia el tipo de cambio no se hubiera ajustado como lo hizo).

Lo decimos una vez más: no es necesario descubrir el “hilo negro”, simplemente se trata de ver lo que ha funcionado en otras latitudes y lo que de hecho ha servido para la recuperación económica nacional cuando hemos tenido fuertes crisis: apoyar con toda clase de estímulos e incentivos al sector exportador, y eso incluye tener un tipo de cambio competitivo.

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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