Artículos editoriales

Fecha: 18/05/08

Economía y educación

Alejandro Gómez Tamez*

Se nos ha dicho que la educación hace que las personas seamos más productivas. John Simmons establece que si la escuela puede igualar las aptitudes intelectuales de la población, entonces esto provocará una igualación de las oportunidades económicas y la reducción de la desigualdad en los ingresos. Por su parte, Jean Fourastié ha escrito que "un país subdesarrollado es un país subeducado".

 

John Vaizey atribuye a la educación los tres siguientes papeles: 1) suministrar la mano de obra calificada y los técnicos sin los cuales el capital físico sería desperdiciado; 2) crear un "clima de expansión": dar a la población la posibilidad de pensar más allá de sus necesidades y dificultades inmediatas; 3) en los países subdesarrollados, enseñar a los estratos económicos más pobres técnicas simples y elementales que les permitan obtener pequeños beneficios para crear la base de una acumulación física (riqueza).

 

Así pues, podemos enumerar decenas de estudios en los que se demuestra la contribución de la educación al desarrollo económico de las regiones y las naciones. Por lo que resulta de enorme preocupación el atraso que presenta nuestro país en este rubro. En palabras de Fourastié: somos un país subdesarrollado debido a que somos un país “subeducado”.

 

En México el grado promedio de escolaridad en 2005 para los mayores de 15 años fue de apenas 8.1 años (8.3 años los hombres y 7.9 años las mujeres); mientras que en el estado de Guanajuato la media en el mismo año fue de 7.2 años. Cabe señalar que Guanajuato ocupa la posición 28 de las 32 entidades federativas. El primer lugar en escolaridad en México lo ocupa el Distrito Federal con 10.2 años y el último Chiapas con 6.1 años en promedio.

 

Por su parte, a nivel internacional (según la UNESCO con datos de 2004 y 2005) el primer lugar en grado promedio de escolaridad lo ocupan los Estados Unidos con 12 años, en segundo lugar está Noruega con 11.8 años, tercer lugar Nueva Zelanda 11.7 años, en cuarto lugar aparece Canadá con 11.6 años y en quinto está Suecia con 11.4 años. No resulta sorprendente que todos estos países sean de los más desarrollados. En cuanto al continente americano el país con el grado promedio de escolaridad más alto es Argentina, que ocupa la posición 21 a nivel mundial con 8.8 años, Panamá ocupa la posición 25 con 8.6 años, Perú la posición 31 con 7.6 años y México ocupa la posición 36 de cien países con 7.2 años en promedio. Cabe señalar que en esta variable tenemos una posición mejor que la brasileña, ya que ellos tienen un promedio de escolaridad de tan sólo 4.9 años y ocupan la posición 68. En fin, la escolaridad promedio en el mundo es de 6.2 años, por lo que México tiene apenas un año arriba de la media.

 

Algunos pudieran argumentar que México guarda una posición aceptable en el ranking mundial (lugar 36), pero el problema surge cuando analizamos otra variable que es el número de años que se espera que una persona que nace hoy asista a la escuela. Para el caso de México, se espera que un niño(a) que nazca hoy vaya a asistir a la escuela 13 años, y ésta puede ser una cifra aceptable a simple vista porque implica progreso respecto a la situación actual; pero el problema surge cuando nos comparamos con otras economías. En Estados Unidos esta variable es de 16 años, en Brasil (el país que ahora tiene 4.9 años de promedio de escolaridad) es de 14 años, en Argentina es de 15 años, en Finlandia es de 17 años, Alemania 16 años, China 11 años, Japón 15 años y Corea 16 años.

 

Así pues, queda claro que México sufre un grave retraso educativo y que si bien las expectativas son que nuestra escolaridad promedio vaya aumentando; hay otros países latinoamericanos con mejores perspectivas educativas que las nuestras.

 

Bajo la tesis con la que comencé este editorial, aquellos países que avancen más rápido en educación se desarrollarán más deprisa. En este sentido y relacionándolo con la educación, es preocupante la pérdida de competitividad que estamos teniendo y que vamos a seguir teniendo en los próximos años.

 

Apenas este 15 de mayo se acaba de dar a conocer un informe por parte del instituto de negocios suizo IMD, en el que se mide la competitividad mundial y se reporta que México se ubica en la posición 50, tres posiciones por debajo de la medición de 2007.  En el reporte, entre otras cosas se señala que entre los principales retos que enfrenta México está “el estímulo del crecimiento interno a través de la innovación”. Esto está directamente vinculado con la educación.

 

Así, necesitamos preguntarnos que están haciendo las autoridades educativas federales y de los estados para crear un sistema educativo que forme individuos en un sentido favorable al desarrollo y la competitividad, ya que el efecto motriz de la educación no se puede garantizar automáticamente. Y por su parte, hay que preguntar a los hacedores de las políticas industriales y económicas qué están haciendo para que el sistema económico pueda lograr un empleo eficaz de las habilidades desarrolladas por el sistema educativo. Hay que entender que la educación podrá tener un efecto positivo sobre el desarrollo económico, si la economía está estructurada de tal manera que pueda absorber las competencias creadas. A final de cuentas es una doble función y recae en la política de desarrollo económico nacional y de los estados.

 

Como punto final, hay que recordar que el 9 de mayo estuvo en Guanajuato la Secretaria de Educación Pública federal, Josefina Vázquez Mota, y los organizadores aprovecharon su visita para mostrarle el deplorable panorama de la educación en el estado de Guanajuato; eso fue un acierto; pero también lo hubiese sido el hacer que la funcionaria se comprometiera con acciones y programas concretos que contribuyan a abatir el rezago educativo guanajuatense, especialmente en las áreas de infraestructura, cantidad de maestros y capacitación de los mismos. No basta con decir que se tiene instrucciones del Señor Presidente para abatir el rezago educativo en Guanajuato, es necesario mencionar con qué, cómo y cuándo.

* Director General GAEAP

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