Artículos editoriales

Fecha: 4/05/14

El estancamiento social y salarial de México

Alejandro Gómez Tamez*

 

Con motivo de la reciente conmemoración del Día del Trabajo, vale la pena realizar algunas reflexiones respecto al deterioro que ha sufrido el nivel de vida de los mexicanos, el cual se puede analizar de diferentes maneras, las cuales presento a continuación:

 

En cuanto al poder adquisitivo, tenemos que de acuerdo a cifras del INEGI, el salario mínimo promedio de México fue de $37.57 pesos en 2001, y en el año 2014 es de $65.58 pesos, lo que implica que en el periodo el salario mínimo promedio creció 74.6% en términos nominales. El problema es que en el periodo de enero de 2001 a enero de 2014 la inflación general que registró nuestro país fue de 74.0%, lo que significa que en términos reales (descontando la inflación) los salarios mínimos promedio en México crecieron en los últimos 13 años apenas 0.3%.

 

Sin embargo, si tomamos en consideración que el Índice de Precios de la Canasta Básica creció 89.8% en el periodo de enero de 2001 a marzo de 2014, pues nos damos cuenta de que en términos reales la pérdida de poder adquisitivo de la mayoría de los trabajadores en nuestro país no se ha detenido. Es por esta razón que México no ha podido tener mejoras sustanciales en el nivel de vida de la población y no tiene un mercado interno robusto, no obstante que hemos gozado de una  “estabilidad” macroeconómica, la cual nos presumen cada que pueden los funcionarios en el poder. ¿Y es que de qué sirve la “estabilidad” macroeconómica que hemos vivido en nuestro país desde 1997 si la población en promedio es cada vez más pobre?  

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Aunado a la pérdida de poder adquisitivo, tenemos que el nivel de ingresos de la población ocupada en nuestro país es francamente bajo. De acuerdo a la información más reciente publicada por el INEGI en su sitio de internet, tenemos que al cuarto trimestre de 2013 el 13.7% de la población ocupada gana menos de un salario mínimo al día, el 23.4% recibe entre 1 y 2 salarios mínimos al día, el 20.8% gana de 2 a 3 salarios mínimos, el 15.7% percibe de 3 a 5 salarios mínimos, sólo el 7.3% gana más de 5 salarios mínimos, el 8.1% no recibe ingresos no obstante que trabaja y el 11.1% no está especificado.

                  

Lo anterior significa que si hay 50.2 millones de personas ocupadas en nuestro país, entonces 22.7 millones de personas (el 45.2% del total) ganan menos de $4,000 pesos al mes; o puesto de otra forma, tenemos que en México hay 33.1 millones de personas trabajando (65.9% del total) que tienen ingresos inferiores a $6,000 pesos al mes.

 

Hay diversos análisis respecto a la carestía que viven muchas de las familias mexicanas, y uno publicado el 30 de abril, fue el del Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la Facultad de Economía de la UNAM, organismo que señala que el costo de los 40 productos que integran la Canasta Alimentaria Recomendable (CAR), es actualmente de $184.96 pesos diarios.  Esto significa, de acuerdo al CAM, que en nuestro país hay más de 10 millones de trabajadores que no pueden adquirir los productos nutricionalmente recomendados.

 

Aunado a lo anterior, también de acuerdo al CAM, desde 1987 el poder adquisitivo del salario mínimo de los mexicanos registra una pérdida del 77.79% y a partir de diciembre del 2012 la caída alcanza casi cuatro puntos porcentuales, por el incremento en el precio de distintos productos de la CAR.

 

Dado todo lo anterior, no resulta ninguna sorpresa que de acuerdo con el Índice de Progreso Social dado a conocer el pasado 7 de abril, México ocupe la posición 54 de un total de 132 países evaluados respecto a su capacidad para cubrir las necesidades sociales y ambientales de sus ciudadanos.

 

De acuerdo con el estudio, México obtuvo una calificación promedio de 66.41, en donde el rubro de nutrición y asistencia médica básica fue el mejor evaluado con 95.50 puntos, mientras que la seguridad personal fue el factor que obtuvo la calificación más baja con 34.61.

 

De esta manera, nuestro país registra una situación similar a la de naciones como Perú o Montenegro; mientras que Nueva Zelanda es quién ocupa el primer lugar en el Índice, mientras que  Estados Unidos ocupa la posición 16 y China está en la posición 90.

 

¿Qué puede hacerse para revertir la situación que vive nuestro país de escasa creación de empleos formales y pérdida crónica del poder adquisitivo? La respuesta no es sencilla, pero un punto de partida es dejar de observar las grandes variables macroeconómicas y centrarse en la microeconomía (lo que viven las micro y pequeñas empresas, así como las familias).

 

Es verdad que con la creación del Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem), la actual Administración Federal ha hecho un esfuerzo por acercar los programas federales a las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), pero desafortunadamente las reglas de operación que han creado hacen extremadamente complicado que los apoyos bajen en tempo y que se materialicen en beneficio de la competitividad de este tipo de empresas.

 

También es verdad que el financiamiento a mipymes ha aumentado recientemente, pero también es verdad que el costo de éste continúa siendo el principal obstáculo que enfrentan las empresas. Además de las dificultades derivadas de las múltiples garantías que piden los bancos no obstante la existencia de fondos de garantía por parte del gobierno federal y gobiernos estatales. Y es que ahora en día es más fácil que le presten $250 mil pesos a una persona a través de su tarjeta de crédito a que le presten ese dinero al negocio de esa misma persona. Así que en el terreno del financiamiento aún queda mucho por hacer.

 

Y pues desde luego que un tema recurrente en esta columna es la cuestión del combate a la subvaluación de productos en las aduanas nacionales para así evitar el daño que se le causa a las empresas y empleos nacionales. Hemos acusado desde este espacio que no es posible que entren al país todos los días zapatos, ropa, textiles, juguetes, bicicletas, etc. con precios que no cubren ni siquiera el costo de la materia prima utilizada para fabricarlos y que la autoridad no haga nada al respecto. ¿Cuándo hemos escuchado o leído alguna nota que señale que un subvaluador fue detenido y encarcelado? La respuesta es: nunca

 

Otro tema de fundamental importancia es el apoyo a las pequeñas empresas para que incursionen en los mercados extranjeros. Pero desafortunadamente instancias como Proméxico no cuentan con apoyos suficientes. Esto es muy negativo para el país dada la gran cantidad de acuerdos comerciales que se están negociando (Acuerdo Transpacífico, TLC con Panamá –ya cerrado-, posibles acuerdos con Turquía, Jordania, Paraguay, entre otros). De esta manera, estamos entregando nuestro mercado a otras naciones, porque no hay apoyos para que los empresarios nacionales incursionen en los nuevos.

 

Desde luego que el tema de las compras de gobierno también es fundamental para las mipymes, por lo que se requiere suavizar los requisitos para venderle al gobierno y aumentar los recursos asignados a estos programas.

 

Finalmente, y no menos importante, está el tema fiscal. Desafortunadamente, mientras que otras naciones dan incentivos fiscales a las mipymes para que éstas creen empleos (tal es el caso de China), en nuestro país la autoridad fiscal implementa más y más medidas que orillan a las mipymes a irse a la informalidad. En este sentido vemos con alarma la nota publicada el 2 de mayo que da cuenta de que en Puebla, al menos 3,000 microempresas se incorporarían a la informalidad durante el primer semestre del año para poder mantener los 9,000 empleos que generan, debido a la desaparición del Régimen de Pequeños Contribuyentes (Repecos).

 

En fin. Hay una enorme cantidad de políticas que el gobierno federal y los gobiernos locales pueden realizar para apoyar a las mipymes, las cuales generan el 75% de los empleos en México. Y es que será sólo a través del fortalecimiento de las mipymes que se logre mejorar la calidad de vida de la mayoría de los mexicanos y se ponga freno a la situación de carestía que se vive.   

    

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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