Artículos editoriales

Fecha: 31/10/08

Ahora el Banxico toma las decisiones correctas

Alejandro Gómez Tamez

 

El Banco de México (Banxico) ha señalado, a través de su Gobernador, Guillermo Ortiz, que se espera que la inflación durante el cuarto trimestre de 2008 se ubique entre un 5.5 y un 6 por ciento. Esta cifra implica que el Banxico espera que las presiones inflacionarias se recrudezcan en lo que resta de 2008, dado que la inflación anualizada en el segundo trimestre de este año fue de 5.48 por ciento y la inflación anualizada a la primera quincena de octubre ascendió a 5.7 por ciento.

 

Efectivamente es previsible que los focos rojos del Banxico se enciendan y que las presiones inflacionarias se incrementen en la etapa final del año. Esto se debe principalmente a dos factores: 1) la depreciación que ha tenido el peso mexicano frente al dólar (que ha ubicado a la paridad interbancaria en niveles por encima de los $13 pesos por dólar) impactará en los costos de los productos e insumos importados, aunque gracias a esta medida debemos esperar cierta recuperación del mercado interno; y 2) hay un componente estacional en las ventas, ya que la demanda siempre es mayor en los meses de noviembre y diciembre, y en la medida en que crece la demanda se presionan los precios.

 

Ante esta perspectiva inflacionaria es importante señalar que lo más prudente es pedirle al Banxico mantener sus tasas de interés en el nivel actual. Si bien previamente hemos hecho señalamientos en relación a la pertinencia de bajar las tasas de interés para que se diera un ajuste ordenado en el tipo de cambio al reducir los diferenciales de tasas de interés con respecto a Estados Unidos; ahora, al acercarse el fin de año y dado el sobreajuste que ya se dio en el tipo de cambio, lo más sensato es pedirle al Banxico que espere a ver en que nivel se estabiliza el tipo de cambio, cómo evolucionará el monto de nuestras reservas internacionales, cómo se mueve el componente especulativo en los mercados financieros, y quién gana las elecciones en Estados Unidos. Una vez que haya sucedido esto, el banco central debe tomar una decisión en torno a la pertinencia de bajar las tasas para darle competitividad a la economía nacional.

 

Cabe señalar que un factor que ha ayudado a que le tipo de cambio comience a estabilizarse  en torno a su verdadero valor (un rango entre $12.30 y $12.60) es que el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos decidió bajar sus tasas de interés en medio punto porcentual el día miércoles 29 de octubre, para ubicar su tasa referencial en tan sólo uno por ciento anual. De esta manera el diferencial de tasas entre México y Estados Unidos se amplió a 7.25 puntos porcentuales y el tipo de cambio se ajustó hasta llegar a los $12.64 pesos por dólar.

 

Así, podemos decir que estos últimos días el Banxico ha estado actuando bien en función de sus objetivos, y si a esto le sumamos las medidas anunciadas conjuntamente con la Secretaría de Hacienda, pues el panorama en materia financiera nacional ya no parece tan sombrío como hasta hace una semana. Y es que hasta hace apenas unos días México sufrió ataques especulativos en contra de peso, varias tesorerías de empresas financieras transfirieron recursos de sus filiales mexicanas a sus casas matriz en el extranjero, y se tenía la expectativa de que pudiera ocurrir un colapso crediticio similar al que se vive en los Estados Unidos (“credit crunch”).

 

Hacienda y el Banxico anunciaron el martes 28 de octubre 6 medidas para mejorar la liquidez, reducir la volatilidad e ir eliminando la incertidumbre en los mercados financieros nacionales. Se supone que con estas medidas las tasas de interés se estabilizaran en niveles más razonables y que eventualmente puedan disminuir; y es que en la actualidad los Cetes a 28 días están pagando una tasa anualizada de 7.22 por ciento, mientras que el bono mexicano a plazo de 10 años paga un rendimiento anualizado de 9.13 por ciento (hasta hace unos días estaba pagando arriba del 10 por ciento), lo cual no es lógico para un país que se espera pueda ir disminuyendo sus tasas de inflación.  Así, podemos también señalar que esto se debe a que hay mucha liquidez en el mercado nacional para invertir en instrumentos de corto plazo, pero la gente no quiere invertir en instrumentos de largo plazo.  Así que, en la medida en que el gobierno ayude ofreciendo más instrumentos de corto plazo, y limite los de largo plazo, se podrá tener una corrección en la perspectiva en términos de la evolución esperada en las tasas de interés.

 

¿Entonces, que podemos esperar que ocurra en los mercados financieros para lo que resta del año? Al parecer poco a poco los ímpetus especulativos comienzan a ceder y el peso comienza a mostrarse más sólido frente al dólar. Si bien es cierto que pueden darse a conocer más noticias que pongan nerviosos a los inversionistas y generen episodios de depreciación del peso, también es cierto que en la medida en que lleguen a su vencimiento los diferentes contratos derivados (futuros, opciones y forwards) que se armaron con fines especulativos en los días previos, las presiones sobre el peso seguirán cediendo. ¿A qué me refiero con esto? Pues a que con el dólar, al igual que con los precios del petróleo en su momento, muchos inversionistas comenzaron a especular en relación a todo lo que podría apreciarse con respecto a las demás monedas (alimentado por el nerviosismo en el mercado financiero) y esto generó una psicosis auto-alimentada que provocó una sobre apreciación del dólar (entre más subiera el dólar más ganarían los que compraron dólares baratos a futuros).

 

Así, en la medida en que los contratos se vayan venciendo y comiencen a generar pérdidas a sus tenedores (que habrán sido aquellos últimos que se subieron a la ola especulativa) la sobre-valuación del dólar terminará.  Por lo tanto, sostenemos que el tipo de cambio en el mediano plazo deberá estabilizarse en un promedio de $12.50 pesos por dólar, o tal vez en un nivel un poco más bajo, ya que ese es su nivel real. Y así como en su momento señalamos que el peso estaba exageradamente sobre-valuado y que no existía tal cosa como el “super-peso”, ahora decimos que no existe tal cosa como el “super-dólar” que nos ubiquen en una paridad de $13.50 o más pesos por dólar, como lo hemos presenciado.

 

Es por todo esto que se vuelve muy importante la prudencia del Banxico, y que de aquí a lo que resta del año mantenga una política monetaria prudente, hasta que pasen las verdaderas presiones inflacionarias que se crearon por un peso que ahora está subvaluado. Todas estas conclusiones las podemos desarrollar en función de las diversas teorías económicas y financieras, aunque debemos reconocer, así como lo han hecho diversos académicos estadounidenses, que los libros de finanzas internacionales deberán ser reescritos.

 

Director general GAEAP

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