Artículos editoriales

Fecha: 09/01/09

El Presidente tiene la razón (nos preocupa el equipo)

Alejandro Gómez Tamez *

En la semana que apenas concluye hubo dos anuncios por parte del presidente Felipe Calderón que deberían de llenar a todos los mexicanos de optimismo y felicidad.  El primero de ellos ocurrió el 5 de enero cuando el presidente afirmó que México tiene menor riesgo financiero incluso que grandes economías como Japón, Reino Unido y Estados Unidos, por lo que está mejor preparado para enfrentar este año. El presidente se basó en un reporte de la firma de inversión Merrill Lynch, correspondiente al mes de noviembre de 2008.

 

Cabe señalar que en dicho reporte se señala que de una muestra de 44 países, México resulta la segunda economía más sólida en función de indicadores tales como: el tamaño de las reservas internacionales en relación con la deuda a corto plazo, el capital de los bancos como proporción de sus activos, el cociente de préstamos a depósitos de las instituciones bancarias y las exportaciones totales como porcentaje del producto interno bruto.

 

El segundo anunció que debería hacernos sentir optimistas ocurrió el 7 de enero, cuando el presidente anunció el “Acuerdo en favor de la economía familiar y el empleo”, en el cual se presentaron cinco ejes fundamentales para proteger el empleo, defender la economía de las familias y procurar la estabilidad económica. En este anunció hay elementos muy positivos como el hecho de que el 20 por ciento de las compras de gobierno se asegura a las Pymes, que se congela el precio de las gasolinas para lo que resta del año, que Nafin y Bancomext incrementarán su crédito directo en más de 26 por ciento este año, entre muchos otros puntos.

 

Así pues, estas son dos grandes noticias para la economía nacional; sin embargo, no hay júbilo ante estos anuncios ya que lo que nos preocupa no es la situación de la economía nacional en este momento sino como va a estar dentro de un año, además de la capacidad del equipo presidencial para poder llevar a cabo las políticas propuestas con la velocidad que se requiere. En otras palabras, ¿de qué sirven estos anuncios si el gabinete económico del presidente tarda en ponerlos en práctica o no tiene la capacidad para que éstos generen los resultados planteados?

 

En pasados editoriales he manifestado mi preocupación por la incapacidad observada en el equipo presidencial para sobrellevar los impactos que la situación económica internacional está teniendo y tendrá en la economía mexicana.

 

La preocupación tiene como raíz el hecho de que para el año 2008 tuvimos  un déficit en la balanza comercial de aproximadamente 16 mil 500 millones de dólares (el dato oficial aun no se hace público), y los analistas encuestados por el Banco de México estiman que en 2009 dicho déficit llegará a 19 mil 730 millones de dólares. Aquí el principal problema es que nuestro déficit en la balanza comercial crece de manera exponencial año con año (en el año 2006 nuestro déficit en la balanza comercial fue de 6 mil 132 millones de dólares y en el 2007 fue de 10 mil 73 millones de dólares), y el gobierno no hace mayor cosa para revertir esta situación que tanto daña a la producción, al consumo y al empleo nacionales.

 

Y surgen entonces algunas preguntas: ¿si el gobierno observa que nuestro déficit comercial aumentó en casi 170 por ciento entre 2006 y 2008 por qué no hacen nada para evitar que siga aumentando?  ¿Por qué no se toman medidas que eviten que nuestro déficit ascienda a casi 20 mil millones de dólares este año? ¿Por qué si se espera que nuestro desequilibrio con el exterior siga creciendo, el gobierno decidió unilateralmente eliminar los aranceles de miles de productos importados provenientes de países con los que no tenemos acuerdos comerciales?

 

Es probable que si el gobierno no ha tomado medidas para resolver este problema es porque no sabe que hacer. El gobierno federal no ha querido entender que el modelo de crecimiento planteado que privilegia la importación de productos en lugar del crecimiento de la planta productiva nacional es equivocado y genera pobreza. Cada vez que México importa productos está contribuyendo a la creación de empleos en otras partes del mundo, mientras que se estanca el empleo en nuestro país, o en su caso, éstos se pierden.

 

En el despacho Gaeap, realizando un ejercicio con empresas semi-automatizadas, encontramos una relación de que por cada mil millones de dólares en exportaciones, las empresas crearían aproximadamente 10 mil empleos directos (a esto habría que sumarle los empleos indirectos). Así, extrapolando esto a la totalidad de la economía nacional, esto significa que si el gobierno federal se diera a la tarea de incentivar las exportaciones decididamente, para eliminar el déficit en la balanza comercial, se habrían creado a nivel nacional tan sólo en 2008 unos 165 mil empleos directos.

 

Y es que un punto que hay que destacar es que a México no le sirve de gran cosa el tener una moneda depreciada y una mano de obra barata si el gobierno federal no sabe que hacer para incentivar las exportaciones y evitar que las importaciones sigan creciendo.  El gobierno federal debe realizar consultas con los fiscalistas más prestigiados del país para que se haga una propuesta de los incentivos que se deben dar a las empresas exportadoras; y que no nos diga el gobierno federal que la OMC no lo permite, porque China también forma parte de la OMC y lo está haciendo en la actualidad para apoyar su sector productivo.

 

El gobierno ha errado la estrategia al pensar que bajando unilateralmente aranceles hará que el costo de los bienes producidos en México disminuya. El modelo económico que el gobierno mexicano debe impulsar es uno en el que se debe fomentar la exportación y la producción, para que así las empresas nacionales puedan explotar sus economías de escala y esto se traduzca en menores costos de producción. Con menores costos de producción se incentivarán las ventas, lo que a su vez afectará positivamente al consumo, que eventualmente beneficiará a la producción. Así, se crea un círculo virtuoso como el que implementaron los Tigres Asiáticos y que les ha permitido disminuir radicalmente la pobreza.

 

Cuando una nación implementa un modelo de crecimiento con estas características (tal como lo hace China o Corea) se establecen las bases para el crecimiento sostenido y no meramente coyuntural. Cuando una nación hace esto, y le apuesta fuertemente a la educación, entonces puede inclusive establecer metas realistas en relación a objetivos como la erradicación de la pobreza. 

 

Y un punto adicional es el del tipo de cambio. Es lamentable escuchar voces de funcionarios federales hablando de que hay cierta intensión de lograr que el dólar se regrese a niveles cercanos a los 12 pesos. El querer “meterle mano” al tipo de cambio para bajarlo sería un grave error, ya que provocaría que nuestra balanza comercial se hiciera aun más negativa en perjuicio de la producción y empleo nacionales. Históricamente México ha cometido el error de querer controlar la inflación anclando el tipo de cambio, y esa estrategia nos ha provocado traumáticas devaluaciones una vez que el ajuste en la paridad es inevitable. Hay que pedirle a las autoridades que no cometan ese mismo error y si la economía ya esta trabajando con un dólar en 13 pesos, no formemos nuevamente la ilusión de un “superpeso” que no existe.

 

Así pues, México requiere de una economía competitiva, y en este sentido debemos aplaudir la decisión de haber congelado el precio de las gasolinas, dado que ahora en día son más caras en nuestro país que en los Estados Unidos y Europa. Esta medida ayudará a controlar la inflación y de esta manera se están sentando las bases para una eventual disminución de las tasas de interés, lo que ayudará a millones de empresas y familias, e inclusive servirá para reactivar el consumo.    

 

Por último, hemos señalado previamente que es fundamental la participación de la banca para el desarrollo nacional y que ésta debe convertirse en un motor para el crecimiento económico. Este es un punto que el presidente Calderón no abordó en el anunció del “Acuerdo a favor de la economía familiar y del empleo”, y debería haber comprometido a la banca para coadyuvar con el gobierno para que el país se recupere más rápidamente de la complicada coyuntura internacional.

 

El país requiere acciones rápidas para salir adelante. No podemos darnos el lujo de echar por la borda la solidez económica que el presidente presumió. Tampoco podemos permitir que haya falta de seguimiento y celeridad por parte de los miembros del gabinete presidencial. Cada quién debe hacer su trabajo y hacerlo bien para que las cosas evolucionen favorablemente, es su responsabilidad y los estaremos vigilando.

 

Director general Gaeap

alejandro@gaeap.com

 

 

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