Artículos editoriales

Fecha: 7/01/10

Creación de empleos vs inflación

Alejandro Gómez Tamez*

El Banco de México acaba de informar que la inflación durante 2009 fue de tan sólo 3.57 por ciento. Esta cifra está dentro del rango de objetivo del banco central de una inflación de 3 por ciento con un margen de variación de más/menos un punto porcentual. Ante este dato hay quienes aplauden al ahora ex gobernador  del banco central, Guillermo Ortiz Martínez; mientras que otros le recriminamos que logró este objetivo a un costo altísimo para el país: una caída en el Producto Interno Bruto (PIB) de más de 7 por ciento y la pérdida de más de 400 mil empleos formales (con el consecuente empobrecimiento de la población).

 

Hay que recordar que México fue el país de toda Latinoamérica que registró el peor desempeño  económico el año pasado. Durante 2009 se perdió todo lo que se había avanzado en el combate a la pobreza durante la última década. Muchas personas perdieron su patrimonio y miles de empresarios tuvieron que cerrar sus puertas. ¡Pero eso sí, tuvimos una inflación de 3.57 por ciento!

 

¿A quién le importa que la inflación sea de 3.57 por ciento cuando no hay ingresos que llevar al hogar? ¿Qué prefiere el ciudadano común? ¿Una tasa de inflación de 3 por ciento sin crecimiento ó una inflación del 4.5 por ciento con creación de empleos y aumento de la producción?

 

Sin duda que a Guillermo Ortiz le darán premios y reconocimientos por haber logrado una inflación “tan baja” en el 2009. ¿Pero quienes pagamos por este logro de Ortiz? ¿Qué estará pensando Ortiz en estos momentos? Seguramente estará pensando en que él es un gran economista que ha dado tanto por el país y que ingratamente se le pagó echándolo fuera del Banco de México.  La realidad es que este señor no comprendió lo que pasaba en el mundo y fue lento en su reacción de política monetaria. He señalado en múltiples editoriales que mientras el mundo bajaba las tasas de interés en 2008, Ortiz elevó la tasa de interés objetivo del Banxico hasta 8.25 por ciento, y fue sólo hasta principios de 2009 que comenzó a bajarla. ¿Doctor Guillermo Ortiz se le olvidó lo qué le enseñaron en la universidad en el sentido de que la política monetaria actúa con un rezago que va de los seis meses hasta un año? Yo creo que si se le olvidó, ya que de otra forma no me explicó porque nos recetó una astringencia monetaria tan severa durante 2008 dado que el mundo precisamente de lo que carecía era de liquidez.

 

En fin, independientemente de estos comentarios, Ortiz podrá sentirse orgulloso de la inflación de 2009 de 3.57 por ciento, a pesar de la depresión económica que vivimos. No me cabe la menor duda de que ante editoriales como este se sentirá agredido e incomprendido.

 

Ahora el nuevo Gobernador del Banco de México, Agustín Carstens enfrenta un reto importante en materia de inflación, ya que la expectativa ahora en día sigue siendo que México registrará una tasa de incremento de los precios por encima del 5 por ciento durante 2010. Según los analistas de economía encuestados mes con mes por parte del Banxico, los precios se elevarán este año 5.04 por ciento (de acuerdo a la encuesta de diciembre de 2009).

 

Este repunte en la inflación es explicado por el alza de un punto porcentual en el Impuesto al Valor Agregado (IVA); el incremento en el Impuesto Especial a Productos y Servicios (IEPS) en las telecomunicaciones, bebidas alcohólicas, cerveza, cigarros, etc; y por el alza en los precios de los bienes administrados por el gobierno federal, tales como los combustibles.

 

Ante esta expectativa inflacionaria no faltaran las voces (sobre todo del sector financiero) que pedirán a gritos que el Banxico eleve sus tasas de interés restringiendo nuevamente la política monetaria. Y claro que lo pedirán, ya que para los banqueros sería más negocio si pudieran elevar las tasas que cobran, y un alza de las tasas de referencia por parte del Banxico les daría la excusa perfecta para cobrarle más a sus clientes.

 

Agustín Carstens debe ser fuerte y aguantar la enorme presión a la que será sometido, y debe entender que un alza en las tasas en este momento daría un fuerte golpe a la recuperación económica esperada para este año. Hay que pensar que en la medida en que se elevan las tasas de interés las personas pagan más por sus créditos y por lo tanto gastarán menos en bienes y servicios. De igual manera, si suben las tasas de interés, será más atractivo meter el dinero al banco o a un fondo de inversión, en lugar de invertir en la creación de un negocio, lo que inhibe la inversión productiva.

 

No se necesita ser un genio para saber que un alza en las tasas de interés en estos momentos no es conveniente. Precisamente el 4 de enero el vicepresidente del Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed), Donald Kohn declaró en relación a la economía norteamericana que “un aumento de las tasas de interés para impedir la inflación podría dañar la reactivación económica.”

 

Queda claro que para muchos en México (los financieros y talibanes de la ortodoxia económica) lo más importante es que el Banxico combata la inflación a toda costa. Estos talibanes se escudan en que el Artículo 28 Constitucional señala en su sexto párrafo lo siguiente: “El Estado tendrá un banco central que será autónomo en el ejercicio de sus funciones y en su administración. Su objetivo prioritario será procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional, fortaleciendo con ello la rectoría del desarrollo nacional que corresponde al Estado. Ninguna autoridad podrá ordenar al Banco conceder financiamiento.”

 

Así, personajes como Guillermo Ortiz justifican la política monetaria restrictiva como instrumento de política económica permanente, sin importar los elevados costos sociales de dichas políticas. Y lo peor: nos han hecho creer que esa es la única forma en que México puede vivir, y no se dan cuenta de los miles de desempleados que se acumulan año con año producto de una política monetaria que no coadyuva al crecimiento económico. Lo que estos señores deben entender es que cuando hay capacidad productiva ociosa (como es el caso de México ahora en día), un incremento de la oferta monetaria no ocasionará un problema inflacionario.

 

Así, lo que sería un gran avance para remediar este “conflicto” es la modificación del texto constitucional para que el Banxico no se cierre a únicamente combatir la inflación, y que más bien cumpla con una gama de funciones más amplias, tal como lo hace el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos –FED-.

 

En los Estados Unidos su banco central (con todo y que es una institución privada con múltiples defectos), tiene como objetivos en la actualidad: “el crecimiento económico en línea con el potencial de la economía para expandirse; un mayor nivel de empleo; precios estables (esto es, estabilidad en el poder adquisitivo del dólar); y tasas de interés de largo plazo moderadas.”  (Fuente: http://www.federalreserve.gov/pf/pdf/pf_1.pdf)

 

Así, tomando en cuenta todo lo anterior, se debe impulsar este cambio constitucional y ahora en día parece existir una coyuntura favorable para que el Congreso de la Unión se ponga de acuerdo para modificar la Constitución y hacer que el Banxico sea por Ley una institución que contribuya al desarrollo de la nación. Hay que evitar que millones de mexicanos vivamos sufriendo una política monetaria tan restrictiva que ha sido factor de creación de desempleados.

 

Quiero aclarar que no se trata de regresar al desorden monetario de los setentas y ochentas que arruinó a México, sino de dar un paso importante y fortalecer al Banxico como institución promotora del desarrollo nacional. Y es que hay que volvernos a preguntar: ¿Qué es mejor, una tasa de inflación baja de 3 por ciento con nulo crecimiento, o una tasa de inflación de 4.5 por ciento con un crecimiento económico que nos permita abatir los rezagos existentes en materia de empleo? La respuesta la tiene usted.

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

 

 

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