Artículos editoriales

Fecha: 17/08/08

¿Sindicalismo = Fuero e Impunidad fiscal?

Alejandro Gómez Tamez*

 

Mucho se ha dicho en relación a las prácticas sindicales en México, pero la mayor parte de los comentarios siempre son negativos. Ahora en día se considera que una enorme cantidad de sindicatos son dirigidos por personas de dudoso actuar cuya prioridad no es la defensa de los derechos de los trabajadores, sino el enriquecimiento personal y el poder, mientras el gobierno “se hace de la vista gorda” ante sus excesos. Si bien hay muy honrosas excepciones en el sindicalismo, es cierto que muchos sindicatos ahora en día se han convertido en un obstáculo para el desarrollo de trabajadores, empresas y de la nación. Es por ello que urge hacer cambios sustanciales a las leyes para darles  trasparencia en sus cuentas y operación, y para quitarles los privilegios y prebendas a sus líderes.

 

En este sentido, Rafael Álvarez Cordero, en un editorial publicado el 12 de junio de este año, se pregunta: ¿Qué pretenden los miles de líderes sindicales en nuestro país? Y la respuesta lógica sería el beneficio de sus agremiados, pero no, lo único que pretenden es el poder.  Y agrega que amparados por la sacrosanta “autonomía sindical”, tienden una cortina de humo a sus maniobras, manipulan las cuotas sindicales, empobrecen por igual a sus obreros y a la empresa, se niegan a rendir cuentas, exigen obediencia absoluta y, luego, con el mayor descaro, hacen ostentación de su riqueza como lo hemos visto en los líderes del SNTE y Pemex, el líder de los mineros y aun en lidercillos de hebilla de oro y Rolex.

 

Uno de los principales problemas en el sindicalismo mexicano es la perpetuación en las dirigencias. La escuela reeleccionista que dejó Fidel Velázquez (quién fuera dirigente de la CTM por 36 años hasta su fallecimiento) ha sido seguida por ilustres personajes del sindicalismo mexicano, tales como: Elba Esther Gordillo (que ha estado al frente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación desde 1989); Carlos Romero Deschamps (con más de 15 años como dirigente del gremio petrolero); y el líder de los telefonistas, Francisco Hernández Juárez (quien lleva más de 32 años en el cargo).

 

Enrique de la Garza Toledo, doctor en ciencias y profesor distinguido de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), al referirse a los líderes sindicales señala que: "Es una mezcla de poder y dinero lo que buscan los dirigentes, porque el poder excita más que el sexo, el poder es casi una droga donde encuentran gran satisfacción y la posibilidad de acceder a tener influencia política".

 

Por su parte, Marco Antonio Leyva Piña del Departamento de Sociología de la UAM, señala que en los líderes sindicales la  reelección es la constante y la mantienen con base en todos los artilugios: reformas a estatutos, persecución y agresión a los disidentes, golpes bajos y el manoseado pretexto de que "las bases no los dejan ir".

 

La Coalición Nacional de Trabajadores Petroleros ha acusado que en el sindicato petrolero la  maquinaria reeleccionista funciona tan bien que no sólo es su dirigente nacional quien recurre a esta práctica, sino casi todos los líderes seccionales del país. Para ello hacen uso eficiente de las viejas prácticas del gangsterismo sindical, desde golpeadores, hasta compra de favores, votaciones a mano alzada, acarreos y, por supuesto, se impide participar en las elecciones a la oposición.

 

Un asunto que también preocupa, más allá del tiempo que duran los dirigentes sindicales al frente de sus organizaciones y la forma como lo hacen, es el asunto del manejo de los recursos. Por citar un ejemplo, de acuerdo a la agencia Apro, el SNTE, encabezado por la maestra Elba Esther Gordillo, ha manejado en 18 años unos 104 mil 200 millones de pesos, pero hasta el momento no existe un informe preciso del manejo de estos fondos provenientes de las cuotas y de recursos públicos otorgados por los últimos tres presidentes de la República. ¿Y que tal el Pemexgate y su impunidad? No se debe olvidar cuando el sindicato petrolero transfirió a la campaña del PRI a la Presidencia de la República unos mil 500 millones de pesos, y nadie fue sancionado por este hecho.

 

Otro punto que hay que tener presente, como lo señala Nestor del Buen, en su artículo “Corporativismo y Corrupción Sindical”, es que están de regreso los sindicatos corporativistas, lo que implica un sindicalismo sometido al total control del Estado vía registros y tomas de nota. Y este corporativismo tiene un  precio para el gobierno y partidos: la protección estatal frente a los sindicatos independientes; favores políticos, puestos de elección popular por la vía plurinominal y, entre otras cosas, IMPUNIDAD FISCAL. Porque la enorme capacidad de manejar intereses económicos que no aparecen en libros es una de las características que derivan de su total sumisión al Estado y que el gobierno compensa con una total discreción con respecto a las intimidades económicas de los propios sindicatos y, sobre todo, de sus dirigentes. Y aquí nos podemos preguntar: ¿cómo es que varios dirigentes sindicales viven con todos los lujos si formalmente tienen el sueldo de un obrero? ¿Reportan todos sus ingresos a Hacienda? ¿Por qué no hemos visto a ningún líder sindical acusado de evasión fiscal o enriquecimiento inexplicable, dado que no corresponden sus ingresos oficiales con su nivel de vida? ¿Qué acaso gozan de algún fuero?

 

En este punto el gobierno ha tenido una gran responsabilidad. María Xelhuantzi López, profesora de la UNAM señaló a finales de 2007 que la corrupción de los sindicatos en México "afecta muy negativamente" la imagen sindical mexicana en el mundo y que "en muy buena medida, esa corrupción ha sido propiciada por el propio gobierno… La corrupción en el movimiento sindical mexicano es un fenómeno muy antiguo…Y si se revisan las prácticas originales, se verá que éstas se derivan de la intervención del gobierno".

 

López continúa y señala algo muy preocupante: "El gobierno mexicano con tal de tener a los dirigentes controlados, dóciles, sumisos, les otorga prebendas, y les permite participar en negocios con las empresas como contratistas, volviéndoles jueces y partes y cómplices del poder".

 

El panorama es muy negativo, y lo es aun más cuando escuchamos infames historias de abuso de los sindicatos en contra de empresarios. Hay que poner un freno a situaciones en las que en todo tipo de empresas llega amenazador el “líder” sindical con el patrón, le presenta un panorama aterrador de lo que sucederá si no “coopera” para que el sindicato esté en paz, y le promete huelgas y paros si no se cumplen sus deseos.  Desafortunadamente, para muchos, el sindicalismo mexicano tiene en la corrupción su modus vivendi.

 

Finalmente, cabe señalar que se debe retomar la iniciativa que en 2007 presentó el senador panista Rodolfo Pérez Gavilán, quién será recordado por muchos trabajadores en México como uno de los primeros legisladores que impulsó una iniciativa que pretende quitar los privilegios y  prebendas a los líderes sindicales.

 

Su propuesta implica modificaciones a la Ley Federal de Trabajo que  permitirán transparentar el manejo de cuotas y bienes que pertenecen a la clase laboral; sin embargo, el eje de esta propuesta es evidenciar el mal manejo del dinero, los amañados procesos internos y la ineficaz operación de cada sindicato.  Pero lo más importante, es que esta iniciativa permitirá a los trabajadores contar con herramientas jurídicas para garantizar sus derechos. Al final de cuentas, lo que se debe hacer es poner los intereses de la nación por encima de los intereses de los líderes sindicales.

 

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