Artículos editoriales

Fecha: 9/04/10

Los obstáculos para la recuperación económica

Alejandro Gómez Tamez*

Los indicadores económicos nacionales que han sido dados a conocer por las distintas instancias gubernamentales en los días recientes son alentadores y dan cuenta de la recuperación económica que nuestro país comienza a vivir este año. De hecho, la Secretaría de Hacienda ya ajustó al alza su perspectiva de crecimiento del Producto Interno Bruto para este 2010, de 3.9 a 4.1 por ciento.

¿Concretamente cual ha sido la evolución de los principales indicadores económicos en los últimos meses? Comenzando con la situación del empleo, tenemos que de acuerdo con cifras del IMSS, a nivel nacional el número de trabajadores totales registrados en dicho instituto aumentó en 178 mil 146 personas entre febrero de 2009 y el mismo mes de 2010, lo que representa un aumento de 1.27 por ciento. Por su parte, en el mismo periodo el número de trabajadores permanentes creció en 31 mil 621 personas, mientras que el número de trabadores eventuales aumentó en 146 mil 525  personas.

 

 

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Por su parte, en materia de desocupación el INEGI ha dado a conocer datos mixtos: la tasa de desocupación a nivel nacional pasó de 5.3 por ciento en febrero de 2009 a 5.43 por ciento en febrero de 2010; sin embargo, el desempleo en febrero de este año disminuyó 0.44 puntos porcentuales con respecto al mes de enero de este mismo año.

En relación a las variables de producción, el INEGI ha informado que el Índice de Volumen Físico de la Producción Manufacturera cayó 2.28 por ciento entre diciembre de 2009 y enero de 2010; sin embargo, podemos apreciar un incremento de 8.01 por ciento entre enero de 2009 y el mismo mes de 2010.  Cabe señalar que el aumento anualizado de enero de este año es el segundo consecutivo, y rompió con una   racha que duró desde abril de 2008 hasta noviembre de 2009 en la que la producción manufacturera decreció en términos anualizados. Así, es alentador ver que después de 19 meses consecutivos en los que este indicador cayó, ahora ya lleva dos meses de incremento. 

El Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) creció 2.4 por ciento entre enero de 2009 y el mismo mes de 2010. Cabe señalar que con el resultado de enero de este año se ligan ya dos meses consecutivos en los que este indicador ha crecido (después de 13 meses consecutivos en los que este indicador había caído). Esto es importante, ya que el IGAE es lo más cercano a lo que pudiéramos considerar un PIB mensual, por lo que se confirma que el PIB ya debe estar creciendo.  

En relación al Índice del Volumen Físico de la Actividad Industrial (IVFAI), éste creció 3.64 por ciento entre enero de 2009 y el mismo mes de 2010, lo cual es más del doble que la tasa de crecimiento anualizado observada en el mes inmediato anterior (de 1.56 por ciento). Esto es indicativo de que el ritmo de actividad industrial en el país se acelera.

Finalmente, en cuanto al sector externo, un dato alentador es que en febrero de este año el valor de las exportaciones de mercancías fue de 21 mil 124 millones de dólares, cifra que se integró de exportaciones no petroleras por 18 mil 286 millones y de productos petroleros por 2 mil 838 millones.  En este sentido, las exportaciones totales reportaron un aumento anual de 31.2 por ciento, el cual se debió a incrementos de 69.8 por ciento de las exportaciones petroleras y de 26.8 por ciento de las no petroleras.

Así, después de haber hecho el recuento de todos estos indicadores podemos sentirnos optimistas de que las cosas comienzan a marchar por buen camino. Sin embargo, debemos advertir de los riesgos de que esta incipiente recuperación se descarrile por factores internos que se traduzcan en desequilibrios externos. ¿A qué me refiero con esto? Pues al tipo de cambio.

Al momento de escribir estas líneas el tipo de cambio es ya de $12.2245 pesos por dólar, lo cual implica una apreciación del peso de 21.18 por ciento después de haber alcanzado su nivel mínimo histórico de $15.51 pesos por dólar. Hemos señalado en editoriales anteriores que en la actualidad el tipo de cambio teórico de equilibrio es de $13.20 pesos por dólar (ajustado por diferenciales de inflación acumulados desde junio de 1997 a la fecha), por lo que el peso presenta en la actualidad un margen de sobrevaluación de 7.4 por ciento.

También hemos insistido en que la sobrevaluación del peso resta competitividad a la economía nacional ya que vuelve más caras nuestras exportaciones y más baratas nuestras importaciones. Así que, contrariamente a lo que ha pasado en los dos primeros meses de 2010 (en los que el desempeño de las cuentas externas fue aceptable), de continuar esta tendencia de sobrevaluación del peso, las exportaciones perderán dinamismo y nuestro déficit comercial se disparará como ocurrió en 2008 (año en el que también vivimos una ilusión llamada “super-peso”).

La autoridad monetaria en México, encabezada actualmente por Agustín Carstens, parecía que lo había entendido, pero la realidad muestra que no lo ha hecho y sigue las mismas políticas que han llevado a este país a ser una fábrica de desempleados. La política monetaria en México, combinada con el regreso de la liquidez a los mercados financieros internacionales, son los responsables de esta etapa de apreciación del peso. ¿Y como no va a ser así? El rendimiento anualizado que pagan los instrumentos de deuda gubernamental mexicanos para el plazo de un mes es 40 veces más grande que lo que pagan instrumentos similares en los Estados Unidos.

Esto garantiza un flujo constante de capitales golondrinos especulativos que están entrando a México. Y desde luego que al entrar ponen a muchos de buen humor, ya que el vacacionar en el extranjero y los productos importados ahora saldrán más baratos (lo que de paso le ayuda al Banxico a controlar la inflación). Pero lo que no se ponen a meditar es que la sobrevaluación del peso provoca que los mercados nacionales se inunden de productos extranjeros y de esa forma la producción nacional es desplazada por productos extranjeros. Esto se traduce en pérdida de empleos y del volumen de producción.

Sin embargo, aun estamos a tiempo de hacer algo. Es fundamental que bajen más las tasas de interés en México para darle un respiro a los exportadores y para proteger a los productores nacionales de insumos para la producción. Y es que si bajan las tasas de interés entrarán menos divisas al país.

Hemos dicho también que la actual inflación en México no es el resultado de una política monetaria laxa sino del aumento de impuestos y de las interminables alzas en los precios de los combustibles.  Así que el Banxico no debe temerle a una baja adicional de tasas de interés, por el contrario, esto sería interpretado por los mercados como un compromiso del banco central con el aparato productivo nacional y el empleo.

¿De qué nos va a servir lograr una inflación de 5 por ciento este año si vamos a descarrilar la incipiente recuperación de la planta productiva nacional? Tarde o temprano nos daremos cuenta de que de nada nos sirve tener insumos importados baratos si el mercado interno está hecho pedazos por el elevado desempleo. Ojala y que estos conceptos sean entendidos por las autoridades y se ponga un hasta aquí a la ficticia sobrevaluación del peso. Lamentablemente vemos que nuevamente somos rehenes de los inversionistas financieros internacionales, quienes así como entran a México y sobrevaluan nuestra moneda, de igual manera salen en estampida cuando consideran que el escenario ya no es favorable, simplemente dejando atrás múltiples estragos y problemas para las empresas nacionales.

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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