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Fecha: 01/12/13

Vida artificial para la macroeconomía, ¿Y las mipymes?

Alejandro Gómez Tamez*

 

El año 2014 será uno en el cual veremos crecimiento económico en México, pero éste no será producto de un mayor dinamismo en el consumo de las familias, tampoco será resultado de un fuerte impulso desde el sector exportador, y desde luego que tampoco será producto de una amplia inversión empresarial. La razón por la que creceremos en 2014 será muy simple: el gigantesco déficit fiscal en el que incurrirá el gobierno federal, y que básicamente se irá en gasto corriente y no de inversión. De hecho se espera que el gasto público del gobierno federal aumente en 9.2% en términos reales el año entrante y con eso el PIB crece a como dé lugar.

 

Hay que recordar que para el año 2014 el Poder Legislativo le autorizó al Ejecutivo un déficit fiscal (endeudamiento) que representa el 1.5% del PIB, cifra que equivale a unos 225 mil millones de pesos. Y pues en principio es a través de esta mayor deuda gubernamental que se le dará respiración artificial a la economía mexicana en detrimento de futuras generaciones que tendrán que lidiar con una deuda pública mucho mayor, además de que la iniciativa privada verá limitado su acceso al crédito al tener que competir por los recursos prestables contra el gobierno federal.

 

Y es que de acuerdo a las estimaciones del Grupo Financiero BBVA Bancomer, cuando el Gobierno pide prestado una cifra equivalente al 1.5% del PIB, el financiamiento o dinero disponible para capitalizar a las empresas, bajará en un monto casi 0.9% del PIB. Y es que es tan simple como el hecho de que ahora el dinero ahorrado ya no financiará empresas y familias, sino a un gobierno que saldrá al mercado a competir por los recursos prestables (esto en economía se llama efecto “crowding out” el cual daña la inversión empresarial al limitar el crédito para ellas).

 

De hecho, el mismo Banco de México (Banxico) reconoció que se esperaría una reducción adicional en el flujo de financiamiento al sector privado no financiero de entre 2.3 y 2.7 puntos del PIB producto de esta situación.

 

Y es que el déficit de 1.5% del PIB por parte del gobierno federal no es toda la deuda que el sector público adquirirá en 2014. De acuerdo al Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), en el año 2014 los ingresos presupuestarios del sector público serán de 21.8% del PIB, mientras que el gasto neto presupuestario ascenderá a 25.3% del PIB, lo que nos da un déficit público tradicional de 3.5% del PIB.

 

Aunado a lo anterior, los ajustes a dicho déficit por concepto de PIDIREGAS, IPAB, Adecuaciones Presupuestarias, Programa de Deudores y Banca de Desarrollo y Fondos de Fomento representan otro 0.6% del PIB. De esta manera los Requerimientos Financieros del Sector Público en 2014 sumarán 4.1% del PIB. Una cifra por demás escandalosa, ¡son 615 mil millones de pesos de deuda adicional en sólo un año! Esta es una cifra no vista en más de dos décadas, la cual compromete a las futuras generaciones y limita los recursos prestables para la iniciativa privada para el año entrante.

 

¿En qué va a gastar el gobierno federal los recursos provenientes de la deuda y para los cuales pidió autorización al Congreso? A ciencia cierta no lo sabemos, más allá de que no se contemplan mayores aumentos en los rubros de inversión física en infraestructura como carreteras.

 

Además de que al no haber una evaluación en el desempeño del gasto público bajo criterios de eficiencia y efectividad de los programas, y al no haber transparencia y racionalización, pues existe un grave riesgo de que más allá de que el mayor gasto público reactive la economía nacional, pues básicamente será dinero tirado a la basura en programas asistencialistas.  

 

Es de esta manera que el gobierno federal además de haberle dado un duro golpe a las empresas y familias mexicanas a través de la “reforma” fiscal, además endeuda al país en niveles que no veíamos desde la década de los noventa.

 

Es en este complicado contexto que las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) tendrán que buscar la forma de crecer (o sobrevivir) en el 2014. Porque como ya lo señalé, queda claro que el PIB va a crecer, pero ahora la gran pregunta es ¿qué pasará con las mipymes?

 

Esta pregunta es crucial ya que de acuerdo con estimaciones de Banca Empresarial Banamex, las mipymes en México generan el 72% de los empleos y el 52% del PIB.  Por su parte, de acuerdo a la ya desaparecida Subsecretaría para la Pequeña y Mediana Empresa (Spyme), en nuestro país hay más de 4.1 millones de microempresas, que aportan 41.8% del empleo. Las pequeñas suman 174,800 y representan 15.3% de empleabilidad; por su parte, las medianas llegan a 34,960 y generan 15.9% del empleo.

 

Así pues, si el gobierno federal quiere evitar un problema de desempleo el año entrante ocasionado por un menor financiamiento y por las mayores cargas fiscales que no incentivan en lo más m´pinimo la creación de empleos, pues debe apoyar de manera decidida a las mipymes. Y no basta con el recientemente anunciado programa de garantías para que las pymes puedan venderle al gobierno federal, ya que dicho programa servirá para apoyar a apenas unas 400 empresas, según la información dada a conocer por la propia Secretaría de Economía.

 

Lo que se requiere para apoyar a las mipymes es que las compras de gobierno verdaderamente lleguen a éstas, que se elimine la corrupción en las compras gubernamentales, y que se apoyen a los organismos intermedios que verdaderamente hacen su trabajo de instrumentar programas tendientes a aumentar la productividad de las empresas que están a su alcance.

 

Por su parte, urge que se tomen medidas de una vez por todas para evitar el cáncer de la subvaluación de mercancías y de contrabando en las aduanas de México. Nuestras empresas ven todos los días como sus ventas son desplazadas por productos extranjeros que entran al país sin pagar debidamente los impuestos, lo cual se convierte en una fuente de competencia ilegal para los productores nacionales de todos tamaños.

 

Desafortunadamente México se ha convertido en una nación en la cual ya es más fácil mandar producir los bienes en otros países para después importarlos que producirlos internamente, ya que al que produce nacionalmente se le carga la mano con impuestos, seguridad social, auditorias de autoridades laborales y ambientales, y muchas cosas más. Pero al importador se le dan cada día más facilidades para que no tenga problemas  pueda introducir sus mercancías rápidamente, y de hecho se firman más y más tratados comerciales para que los productos lleguen a México sin pagar arancel. Esto último  dizque para beneficiar a los consumidores, aunque la evidencia indica que lo único que se logra con la baja de aranceles es aumentar las ganancias de los importadores y dañar a los productores nacionales del producto terminado.

 

Esto es parte de lo que enfrentan todos los días los directores de las mipymes mexicanas, quienes en el 2014, a pesar de que la economía crezca se preguntarán porque las cosas están hasta peor que en el 2013. Verán un  PIB crecer a tasas cercanas al 3%, pero no verán una mejoría sustancial en el desempeño de sus negocios. Esa es la característica de este país, un divorcio entre lo que sucede con la macroeconomía y lo que ocurre en la microeconomía.

 

Director General GAEAP*

 

 

 

Promoviendo la cultura de la información económica y  financiera

 

 

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