Artículos editoriales

Fecha: 13/02/09

La deuda que no deja de crecer

Alejandro Gómez Tamez *

México está padeciendo múltiples problemas económicos, entre los que destacan la debilidad del peso, el deterioro de la mayoría de los indicadores de la economía real, la caída de las exportaciones, entre otros. Como muestra de esto tenemos tres datos alarmantes: la Secretaría del Trabajo y Previsión Social informó  que  durante el mes de enero se perdieron 128 mil empleos registrados en el IMSS (de manera que de octubre de 2008 hasta enero de 2009 se habían perdido ya 541 mil empleos), la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA) informó que la producción de de la industria automotriz cayó 50.9 por ciento durante enero de este año, y BBVA Bancomer reportó que en los últimos meses se han fugado de México 50 mil millones de dólares.

 

Estas son cifras alarmantes; sin embargo hay otro grave problema por el que atraviesa la nación y al cual no se le ha prestado demasiada atención, y dicho problema es el de la creciente deuda pública y la debilidad fiscal asociada a este fenómeno. Veamos la gravedad de la situación:

 

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Hacienda, la deuda interna neta del gobierno federal (sin las obligaciones por Ley del ISSSTE) pasó de registrar un saldo de  1 billón 547 mil 112.1 millones de pesos en diciembre de 2006 a 2 billones 62 mil 214.5 millones en diciembre de 2008, ¡lo que representa un incremento de 515 mil 102 millones de pesos en tan sólo dos años de gestión! Esta cifra representa un aumento de 33.29 por ciento.

 

Si tomamos en cuenta las obligaciones por Ley del ISSSTE, el panorama fiscal del gobierno federal es aun más complicado, ya que la deuda interna neta sumaría a diciembre de 2008 la cantidad de 2 billones 332 mil 748.5 millones de pesos, lo que representa un alza de 785 mil 636 millones de pesos, equivalente a un incremento de 50.78 por ciento en la deuda interna en tan sólo dos años.  Y esto es solamente la evolución de la deuda interna, veamos ahora que ha pasado con la deuda externa pública:

 

La deuda externa neta del gobierno federal pasó de 39 mil 806.6 millones de dólares en diciembre de 2006 a 37 mil 705.6 millones de dólares en diciembre de 2008, lo que representa una disminución en dólares de 5.27 por ciento. Esta parece una buena noticia, pero no lo es cuando analizamos lo que esta deuda representa en términos de pesos. Esto es, debido al reciente ajuste en el tipo de cambio, la deuda externa pasó de estar valuada en 430 mil 699 millones de pesos en diciembre de 2006 (a un tipo de cambio de $10.8809 pesos por dólar) a tener un valor de 522 mil 358 millones de pesos en diciembre de 2008 (a un tipo de cambio de $13.5383 pesos por dólar).  Es decir, no obstante la disminución de la deuda en dólares en términos nominales, en pesos debemos ahora 91 mil 659 millones de pesos más que en 2006.

 

De esta manera, si sumamos la deuda interna y la deuda externa netas (tomando en cuenta las obligaciones por Ley del ISSSTE), nuestro país pasó de tener una deuda de 1 billón 980 mil 247.7 millones de pesos en diciembre de 2006 a deber 2 billones 843 mil 218.2 millones de pesos en diciembre de 2008.  Equivalentemente, si la queremos expresar en dólares, nuestra deuda total pasó de 181 mil 991.3 millones de dólares en diciembre de 2006 a 210 mil 012.9 millones de dólares en diciembre de 2008.

 

Con estos datos queda claro el problema de deuda que pesa sobre el gobierno federal, lo cual sin duda será un creciente foco de presión sobre las finanzas públicas, ya que cada vez tendremos que destinar mayores recursos para el pago de intereses y habrá menos recursos para atender lo prioritario, como lo es la seguridad, salud, educación, infraestructura, entre otros.

 

La gravedad del problema también queda de manifiesto cuando analizamos la debilidad de los ingresos del gobierno federal.  Durante el periodo de enero a noviembre de 2008, el 46.4 por ciento del total de los ingresos del gobierno federal provinieron del pago por la explotación de hidrocarburos. Por lo que ante la debilidad económica que se vivirá este 2009, es un hecho que los ingresos petroleros seguirán siendo el principal soporte del gasto público.

 

Pero lo peor del caso es que no obstante todo este escenario que se plantea, nuestros gobernantes no hacen gran cosa para remediar la situación, sino que al contrario, han incrementado en 219.5 mil millones de pesos  el gasto corriente para este 2009. ¿Cuál es el gasto corriente? Es un rubro de gasto fundamentalmente integrado por servicios personales (sueldos, salarios y pensiones), erogaciones correspondientes a servicios de administración (telefonía fija y móvil), electricidad, agua, papelería, rentas, transporte y alimentos.

 

Así, vemos que el gasto corriente (salvo el de seguridad, salud y educación) no es un gasto que generé riqueza, por lo que debería ser lo más bajo posible para así privilegiar el gasto en infraestructura que se traduce en mayor competitividad para las empresas nacionales. Lamentablemente, tenemos que del Presupuesto de Egresos aprobado para 2009, se destina a gasto corriente  aprobado para 2009 es de un billón 728 mil 489 millones de pesos, el 74.49 por ciento del total del Presupuesto de Egresos.

 

Para muchos, estas son cifras o datos aparte que deben ser analizados en un contexto de finanzas públicas exclusivamente, pero no debe ser así, ya que la evolución de estos indicadores también incide en las posibilidades de crecimiento a futuro de la nación, en su atractividad internacional e inclusive en el tipo de cambio.

 

¿A qué me refiero con esto?  Un ejemplo lo clarificará: supongamos que una empresa tiene activos por $100 millones de pesos y tiene deudas por $8 millones de dólares y el tipo de cambio es de $10 pesos por dólar. Evidentemente esta empresa tiene un capital contable de $20 millones de pesos. ¿Pero qué pasa si ocurre una depreciación de la moneda, de manera que el tipo de cambio se va a $14.50 pesos por dólar? Pues los pasivos de esta empresa se disparan y la empresa inmediatamente estaría quebrada. Lo mismo pasa con los países cuando sufren de un sobre-endeudamiento, su riesgo como nación sube, el riesgo país es mayor, el tipo de cambio aumenta  y sus posibilidades de crecimiento a futuro se ven seriamente limitadas.

 

Queda claro que el gobierno mexicano tiene un grave problema fiscal que debe afrontar para darle mayor viabilidad a la economía nacional, y este problema se puede abordar desde diversos ángulos uno sería el renegociar pasivos a plazos más largos y con mejores tasas de interés fijas; otra alternativa (que nadie desea) es que el gobierno obtenga una mayor recaudación elevando los precios de los bienes administrados como las gasolinas, diesel, electricidad, etc.; y finalmente, la tercera alternativa es trabajar elevando el número de contribuyentes y echando a andar la planta productiva nacional. 

 

Hacienda acaba de informar que al cierre de 2008 se tenía un total de 24 millones 76 mil 259 contribuyentes activos registrados, lo que equivale a 5.52 por ciento más que hace un año; y de este total 772 mil 488 son personas morales o empresas, y 23 millones 303 mil 771 son personas físicas. Esto es positivo, sin embargo, aun quedan muchas empresas sin estar registradas ante el fisco, y algo igualmente grave es la caída en la recaudación fiscal por IETU, ISR e IVA que se registrará este año por la caída de la actividad económica.

 

Esto debería ser suficiente motivo para mover al gobierno federal a diseñar verdaderas estrategias que tengan como fin último la reactivación de la planta productiva nacional y la conservación del empleo. Esto implica que la clave para resolver buena parte de los problemas económicos del país está en incrementar la productividad, y en ese sentido una reforma laboral que dé mayor flexibilidad a este mercado sería muy oportuna.

 

Y en ese mismo sentido, se debe tener presente que no se pueden posponer más los apoyos para los exportadores, ya que en la media en que crezcan las ventas al exterior aumentarán los ingresos para el país, mejorará la balanza comercial, aumentarán los ingresos fiscales y la difícil coyuntura internacional será más llevadera.

 

El Senado ha convocado a expertos en materia económica para que den propuestas para salir adelante, y las iniciativas en este sentido deben ir encaminadas a que se deben implementar acciones que muevan la industria y que incentiven las exportaciones.  Y es que mientras no se movilicen las fábricas no habrá crecimiento del PIB, no habrá dinero en los bolsillos de las familias y las deudas personales seguirán aumentando. 

 

Debemos tener también presente que los cerebros financieros que mueven miles de millones de dólares entre los diferentes países hacen su tarea de estudiar la solidez de cada nación antes de decidir donde invertir sus recursos. ¿No creen ustedes que ellos saben de la debilidad fiscal de México y su creciente deuda total? Si queremos restarle presiones al tipo de cambio, también podríamos comenzar implementando medidas encaminadas a arreglar las finanzas públicas nacionales.

 

Finalmente, es muy importante atender el llamado que hace el Presidente Calderón en el sentido de que todos estamos obligados a apoyar a México, ya que el porvenir de nuestra nación debe ser lo más importante. Desde luego que los empresarios y los trabajadores estamos dispuestos a poner de nuestra parte, el problema es determinar si la clase política y el equipo del presidente Calderón tienen la capacidad de enfrentar los grandes retos que el país tiene enfrente.

 

 

Director general GAEAP*

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